Blog Obesidad - Adelgazar *

lunes 28 de septiembre de 2009

Malos hábitos en la dieta de los estudiantes

Las costumbres de quienes cursan su primer año fuera de casa se traducen a menudo en un aumento de peso

El primer curso como estudiante fuera de casa puede ser caótico en cuestión de alimentación. En general, esta decisión se toma al iniciar la universidad, por lo que al intenso programa de estudios, se suma la necesidad de organizar las tareas del hogar. La compra semanal y la cocina son claves. Si no se realizan de manera adecuada pueden traducirse en un aumento de peso.

* Autor: Por MAITE ZUDAIRE
* Fecha de publicación: 24 de septiembre de 2009

Al independizarse, muchos jóvenes estudiantes descuidan la alimentación. No prevén el menú con antelación y adoptan malos hábitos difíciles de corregir. Por ello, conviene habituarse lo antes posible a una dieta saludable y decidirla con tiempo. Cuando el dinero no sobra para hacer la compra, la habilidad en la cocina es mínima y apenas quedan ratos libres para guisar, es imprescindible una correcta planificación.

Primer año: unos kilos más

Numerosos estudios han constatado un aumento de peso durante el primer año en la universidad. En la mayoría, los estudiantes completan cuestionarios que revelan datos sobre determinadas conductas y actividades asociadas. Los cambios de peso oscilan entre los 0,7 y los 3,1 Kg. Las personas que ganan más peso aumentan entre 3,1y 3,4 Kg. Los datos demuestran que el mayor incremento ocurre durante los primeros seis meses de vida independiente.

En un reciente análisis realizado por la Universidad Estatal de Oregón (EE.UU.), publicado en la revista oficial de la Asociación Americana de Dietistas (JADA), se confirman diferencias notables entre sexos, un aspecto que ya había aparecido reflejado en otros informes. En general, los estudiantes varones están menos preocupados por el peso, lo que explica que ganen más kilos que las mujeres.

Sin embargo, en una revisión publicada en "Nutrition Reviews", expertos del Nutrition, Food and Exercise Sciences de la Florida State University (EE.UU.) señalan que en la mayoría de los estudios no se miden los cambios en la composición corporal -masa magra / masa grasa-. Estos datos son relevantes para verificar que el aumento de peso se limita sólo al aumento de grasa, y adecuar los enfoques dietéticos.

Alimentación sana, todo un reto

En las investigaciones analizadas se comprueba el esfuerzo de los estudiantes por adaptarse a una alimentación más saludable dentro de su nueva etapa. Cada persona debe revisar su comportamiento alimentario para identificar los factores que le han llevado a ese incremento de peso; el cambio de vida es evidente y lleva consigo el inicio de nuevas costumbres que afectan a los hábitos alimentarios.

El listado es incontable: cafés azucarados a deshoras (entre clase y clase, después de comer, al terminar el día....), pinchos o bollería en los ratos de descanso, snacks, cerveza o refrescos a última hora del día, palomitas y chucherías en el cine o ante la televisión, platos precocinados calóricos para salir del paso, picoteo en el piso de otros compañeros. A esta situación, se añade una reducción en el tiempo que se dedica al ejercicio, frente a las horas que se pasan frente al ordenador o en la biblioteca.

Cambiar el "chip"

Una vez que se han identificado las costumbres insanas "culpables" de los kilos de más, hay que poner en práctica los cambios oportunos que permitan reducir el consumo de calorías. Determinados trucos consiguen aligerar los platos y aprender a cocinar las recetas con menos calorías. Así se consigue no abusar de los productos precocinados, a menudo con demasiada grasa, si bien la preparación industrial de este tipo de comidas cuida cada vez más la calidad nutricional.

La posibilidad de sustituir el azúcar por edulcorante y los refrescos por sus versiones light, reduce las calorías. La costumbre de llevar un tentempié de casa (fruta, yogur, tortas de arroz o maíz, colines, barritas de cereales o bocadillo) evita la ingesta de snacks o bollería. Los encurtidos como los pepinillos y cebolletas en vinagre son una alternativa como aperitivo si se tiene costumbre de "picar" antes de comer o de cenar.

http://www.consumer.es/

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viernes 25 de septiembre de 2009

Con los cafés sofisticados, las calorías se acumulan


Estas populares bebidas mezcladas podrían estar convirtiéndose en una carga pesada, según un funcionario sanitario

MIÉRCOLES, 23 de septiembre (HealthDay News/DrTango) -- ¿Le gusta su cafecito de la tarde? Un estudio reciente sugiere que la mezcla de una bebida de café podría ser justo lo que necesitaba pero aumenta su peso.

Una encuesta halló que 3,000 compras en 115 cadenas de restaurantes de la ciudad de Nueva York halló que las porciones de café o té preparados alcanzan en promedio 63 calorías, incluso aunque algunos contienen leche y azúcar. Pero con una bebida mezclada, el promedio es de 239 calorías, 89 más de las que probablemente haya en una lata de gaseosa.

Una bebida mezclada con hielo, entre tanto, puede alcanzar 750 calorías o más. En una cadena de café, el ocho por ciento de los consumidores entrevistados compraron el tamaño más grande de una bebida mezclada, que puede alcanzar 860 calorías.

"La popularidad de las bebidas mezcladas de café ha aumentado en los últimos años", señaló en un comunicado de prensa del Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York el Dr. Thomas Farley, comisionado de salud de la ciudad. "Desafortunadamente, muchas de esas bebidas están sobrecargadas de calorías. Su cafecito de por la tarde podría estar convirtiéndose en una carga pesada".

Una investigación sugiere que el 17 por ciento de los estadounidenses adultos compra una de estas bebidas mezcladas al día.

¿Qué se puede hacer? Las bebidas como el café y el té pueden tener menos de diez calorías, aunque quizá necesite ignorar esmeradamente estos contenedores de azúcar, según sugiere el departamento de salud. La leche baja en grasa o descremada puede ayudar también, como pedir el tamaño pequeño si está endulzada con azúcar y dándole sabor usted mismo.

Los hallazgos de la encuesta aparecen en la edición en línea y en la de octubre de Preventing Chronic Disease.

http://healthfinder.gov/


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domingo 20 de septiembre de 2009

Una sustancia química que combate la grasa se muestra promisoria

Pero la investigación sobre la 'fatostatina' aún se encuentra en sus inicios

Por Randy Dotinga
Reportero de Healthday

JUEVES, 27 de agosto (HealthDay News/Dr. Tango) -- Investigadores informan que una sustancia química artificial parece tener la facultad de desactivar la producción de grasa, lo que potencialmente la convierte en un arma contra la obesidad.

Los ratones gordos que recibieron inyecciones de la sustancia, conocida como fatostatina, no engordaron más y desarrollaron niveles más bajos de colesterol y azúcar, afirmó el equipo de investigación.

Pero todavía no corra a pedirle una receta de fatostatina a su médico. Aunque el compuesto se muestra promisorio como "punto inicial" para el desarrollo de nuevos fármacos, no es un fármaco en sí, apuntó el coautor del estudio Motonari Uesugi, investigador de la Universidad de Kioto en Japón.

Pero está el asunto de que los ratones no aumentaron de peso. "Cuando se les inyectó la fatostatina, los ratones no engordaban aunque comieran mucho", apuntó Uesugi. Además, "no vimos ningún efecto secundario o tóxico notable", añadió.

Hace mucho que los investigadores intentan encontrar una pastilla para ayudar a la gente a combatir la obesidad. Los fármacos contra la obesidad existen, pero tienen efectos secundarios que convencen a algunos pacientes a dejar de usarlos.

Uesugi dijo que su laboratorio tiene muestras de 30,000 sustancias químicas y las evalúan en células humanas y ratoniles. La molécula en cuestión, la fatostatina, pareció detener la producción de grasa al desactivar ciertos conmutadores genéticos.

En el nuevo estudio, que aparece en la edición del 28 de agosto de la revista Chemistry and Biology, los investigadores reportan que la sustancia evitó que los ratones obesos engordaran más incluso cuando comían todo lo que deseaban.

Pero Uesugi dijo que la inyección de un medicamento no es una buena opción para personas que tienen enfermedades metabólicas crónicas, como las que causan la obesidad. Se necesita más investigación para desarrollar un medicamento que pueda ser tomado por vía oral y que sea seguro para las personas, dijo.

En cuanto la seguridad, "la actividad de la fatostatina sobre 63 genes, muchos de los cuales no tienen nada que ver con la síntesis de la grasa, genera muchas preguntas sobre efectos secundarios potenciales, sobre todo si se ingiere la sustancia durante muchos años", señaló el Dr. Nicholas H.E. Mezitis, profesor asistente de medicina clínica del Colegio de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia, quien está familiarizado con los hallazgos del estudio.

Por el momento, "sigue siendo difícil" desarrollar medicamentos para tratar la obesidad de forma segura, apuntó el Dr. Tae-Hwa Chun, investigador sobre el metabolismo que también conoce el informe.

Un hallazgo positivo "en células y roedores no siempre lleva al desarrollo de medicamentos seguros y eficaces para los pacientes", añadió Chun, profesor asistente de la Universidad de Michigan que se especializa en el síndrome metabólico.

Pero Chun también dijo que la idea de dirigirse a los conmutadores genéticos que activan la producción de grasa, como parece hacer la fatostatina, es promisoria.

http://healthfinder.gov

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viernes 18 de septiembre de 2009

Cambia una teoría de la obesidad y la autoestima

Niños que sufren males emocionales tienden a engordar

Siempre se ha pensado que la obesidad propicia baja autoestima y otros problemas emocionales, pero un estudio que llevó 20 años sugiere que la fórmula es a la inversa: la baja autoestima es la causante del sobrepeso.

La investigación comenzó en 1970 con la participación de 6,500 niños de 10 años, a los que se les dio seguimiento durante dos décadas. Los que mostraban baja autoestima tendían a ser más gordos al volverse adultos, sobre todo las niñas.

Los autores del estudio, realizado por científicos del King's College de Londres y publicado en la revista “BMC Medicine”, subrayan la importancia de un tratamiento temprano para combatir la obesidad.

El doctor Andrew Ternouth, psiquiatra que dirigió la investigación, manifestó que no se puede asegurar que los problemas emocionales de la infancia causan obesidad en la etapa adulta, pero sí se puede afirmar que es un factor importante, al igual que el índice de masa corporal de los padres, la dieta y el ejercicio.

http://www.yucatan.com.mx/

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miércoles 16 de septiembre de 2009

Objetivo: menos calorías y mejores digestiones

Sustituir la sartén por el horno, utilizar el microondas para cocinar y hacer más sencillas las ensaladas permite ahorrar muchas calorías en cada comida

Terminan las vacaciones, quedan el moreno y los recuerdos. Pero, en muchos de nosotros quedan también unos kilitos de más ganados a base de despreocupación, ocio y felicidad; y un estómago quejica que exige atención: estas últimas semanas le hemos hecho trabajar no sólo más de lo habitual, sino también de lo conveniente. Por eso hay que seguir una serie de medidas, sencillas, realistas y factibles, para atender sin dilación a estos dos frentes. Es decir, bajar esos kilos que en vacaciones distraídamente hemos incorporado a nuestro organismo y conseguir que el estómago y sus digestiones vuelvan a donde solían. Se trata de alimentarse mejor, de un modo más saludable. Pero también de comer un poco menos; o, al menos, de una manera más ordenada y consciente. ¿Cómo lograrlo? Aprendiendo a confeccionar platos con menos calorías, sin renunciar por ello al sabor de los alimentos ni a la variedad en los menús.

Fecha de publicación: 15 de septiembre de 2009

Comida sana

Comer sano no equivale a comer de forma monótona o poco atractiva, ni -menos aún- equivale a limitarnos a ingerir alimentos light. Consiste en adaptar recetas y procedimientos culinarios tradicionales o habituales, desde guisos, ensaladas, purés, y carnes, hasta pescados y postres, con el fin de hacerlos menos calóricos y más digestivos. No es tarea fácil: requiere esfuerzo y cierta dedicación, e incluso, en algunos casos, exige el cambio de ciertos hábitos culinarios. Pero puede hacerse, la comida va a seguir siendo sabrosa y apetecible y la recompensa merece la pena: perderemos un poco de peso y las digestiones serán menos pesadas.

Los tres factores que se articularán para trasladar a nuestra vida cotidiana esta nueva estrategia son el tipo de alimento, la técnica culinaria elegida y los condimentos que se sirven como acompañamiento o guarnición. Son ellos, los tres, los responsables de que las recetas pierdan su inicial carácter saludable y se conviertan en platos con cantidades desproporcionadas de calorías, grasas, grasas saturadas, sal o azúcares. Las medidas que se ofrecen a continuación permiten en muchos casos eliminar cien o más calorías por plato, con lo que queda dicho todo.

Adiós a las frituras, saludos al horno

La cocina sana pasa por el esmero en la selección de los alimentos y por aprovechar la estacionalidad de verduras, hortalizas, frutas y pescados de cada temporada, y no sólo porque en general son los más económicos, sino porque son más sabrosos. Pero también exige cierta habilidad gastronómica: el afán de elaborar recetas más ligeras y menos energéticas no debe llevarnos a abusar de la plancha y el hervido. Son muchas las prácticas culinarias que apenas requieren grasa o salsas contundentes y que permiten elaborar platos ligeros, deliciosos y exquisitos en su presentación. El horno, sin ir más lejos, consigue un acabado similar al de la sartén pero evita las calorías que aporta freír los alimentos.

La técnica tradicional del empanado de la carne o del enharinado del pescado, tan arraigada en nuestra cocina, aumenta de manera considerable el aporte energético del plato. Con el horno se consigue una receta menos calórica e igual de crujiente, si que la carne o pescado se cubren de pan rallado o se pinten con huevo batido. Este truco sirve también para evitar el queso de gratinar, en exceso graso y calórico. Un plato original para sacar partido al horno: calabaza, cebolla, tomate y champiñones asados al horno y aliñados con una salsa de queso, media cucharadita de aceite de oliva y mostaza; aporta 255 calorías por ración, cien menos que si estos alimentos se saltearan en la sartén.

Microondas y papillote, sabor sin apenas grasa añadida

Ambas son técnicas culinarias saludables, y apropiadas para cocinar carnes cortadas en tiras o pequeñas porciones de pescado, hortalizas carnosas como el calabacín, la berenjena, la calabaza, los champiñones o las setas; además, pueden también hacerse en el microondas y en papillote (envolver los alimentos en papel de aluminio y hornearlos), la patata u otros tubérculos como la yuca o el boniato. Aunque la función más utilizada del microondas es calentar y descongelar alimentos y platos ya cocinados, las ondas que emite este electrodoméstico actúan sobre las moléculas de agua del alimento generando al instante un calor que se propaga mediante conducción y lo termina cociendo. El valor nutritivo del alimento cocinado en microondas queda intacto, y conseguimos evitar (o reducir) las grasas que otras técnicas requieren.

Al igual que el microondas, el papillote exige poca preparación y escaso tiempo de cocción. Esta modalidad requiere que el alimento se envuelva en papel de horno, de aluminio o de estraza y se cocine dentro del horno a temperatura media. El alimento se cuece con el vapor que desprende y con su propio jugo, conservando todo su sabor, aroma y nutrientes, sin necesidad de añadir apenas grasas. Es un tipo de cocción muy adecuado para quienes siguen dietas hipocalóricas, bajas en calorías. Los alimentos más apropiados para hacerse papillote son las verduras de sabor pronunciado, como brécol o coliflor, y pescados como salmón, filetes de lenguado, merluza limpia de espinas y piel, trucha e, incluso, marisco como los mejillones; y carnes blancas, como pollo y pavo.

ENSALADAS: SIEMPRE SALUDABLES, PERO CON MATICES

La ensalada es un plato indispensable en cualquier dieta y, también en cualquier plan de adelgazamiento. Casi siempre son saludables, pues son más sus virtudes que sus defectos, aunque hay que cuidar ciertos componentes que las hacen poco recomendables en determinadas circunstancias. El primero es evitar que se conviertan en norma las ensaladas demasiado grasas y calóricas, porque el plato pierde su razón ser, siempre que no se convierta en plato único. Aceitunas, uvas pasas, huevo, queso, bacon, jamón, mayonesa, aguacate y otros ingredientes aportan muchas calorías, y hay que tenerlo en cuenta. Por otra parte, el consumo demasiado frecuente de ensaladas puede descompensar, por exceso, el aporte de fibra de la dieta.

El efecto positivo de la fibra por su papel de regulador del tránsito intestinal y por ayudar a eliminar toxinas e impurezas, puede convertirse en problema si se abusa de su ingesta. Los incómodos gases y la hinchazón del vientre, en ocasiones acompañados de dolor, evidencian que el metabolismo es incapaz de procesar tanta fibra ingerida. Se puede compensar el elevado aporte de fibra si se combinan las ensaladas con alimentos con menos fibra, como la patata, la pasta, el arroz o el cuscús. El plato queda completo y sigue resultando saciante. Quienes sientan con frecuencia el vientre hinchado después de comer pueden probar a prescindir de la lechuga y otros vegetales de hoja en la ensalada, sobre todo, en las cenas. Su alto contenido en fibra insoluble es lo que produce la hinchazón abdominal.

Compruebe si le afecta, y, si es así, elimine durante dos semanas la lechuga: notará un vientre más plano. Utilice otros vegetales para las ensaladas: zanahoria, germinados, maíz, remolacha, rabanitos. Las verduras de hoja verde, como brócoli, repollo, lechuga y espinacas, aportan filoquinona, fuente principal de vitamina K, que participa de manera directa en la coagulación de la sangre, pero quienes toman medicamentos para regular la coagulación sanguínea, como el conocido Sintron, deben controlar el consumo de estas verduras de hoja verde.

Segundos platos: calidad y no tanta cantidad

Los alimentos ricos en proteínas como carne, pescado y huevos son la piedra angular de los segundos platos en nuestra gastronomía. No hay por qué renunciar a ellos ni a su sabor, basta con preparar las comidas en cantidades un poco más pequeñas y recurrir a técnicas que requieran menos grasa. La principal medida cuando se come carne es reducir la cantidad de carne grasa y, en caso de consumirla, retirar la grasa visible. La carne a la que se han retirado las partes grasas aporta la mitad de calorías que la que se come tal cual.

Una solución para comer carne con menos grasa es optar por las más magras: pollo, pavo y conejo. Una pechuga de pollo sin piel contiene tantas proteínas como un bistec y sólo una décima parte de la grasa, lo que se traduce en que aporta menos de la mitad de calorías. Una opción para no dejar de comer platos que contengan carne picada es reducir la cantidad de carne en las hamburguesas y albóndigas, e incorporar a la receta -cuando se elabora la masa- zanahoria rallada, cebolla, espinacas o setas. Así se reduce el consumo de hasta 40 gramos de carne roja por persona, unos 4,5 gramos de grasa que equivalen a unas 90 calorías por plato.

Los platos de pescado y marisco se pueden aligerar a nada que se cocinen al vapor, hervidos o la parrilla, técnicas que exaltan su sabor y apenas añaden grasas a unos alimentos que -excepción hecha del pescado azul- no son ricos en este nutriente. Siempre que se emplee pescado en conserva conviene elegirlo "al natural" ya que el conservado en aceite aporta el doble de calorías: Si no, escurramos el contenido antes de consumirlo. Recordemos que un pescado blanco o marisco aporta por término medio cien calorías menos que cualquier carne: mientras que una ración de rape al horno supone 130 calorías, una ración de chuleta de cerdo a la plancha representa la ingesta de 265 calorías.

Aliños y salsas, más importantes de lo que se piensa

Especias, hierbas aromáticas y otros condimentos funcionan como aromatizantes y saborizantes que reducen la necesidad de sazonar los platos y de acompañarlos con salsas grasas. Un plato saludable puede arruinar sus ventajas dietéticas si se acompaña de una salsa muy calórica o un aliño e ingredientes grasos o muy salados. Dos cucharadas soperas de aceite aportan 200 kilocalorías, por lo que cambiar los aderezos de siempre por una salsa de yogur desnatado con un poco de mostaza, unas gotas de limón y estragón puede reducir el plato en 150 calorías. La salsa mimosa con zumo de limón, ajo, perejil y huevo troceado, también muy ligera, es apropiada para ensaladas de patatas, arroz o pasta.

Otro hábitos que conviene evitar es la utilización de nata como espesante en salsas, purés y cremas de verduras: se puede sustituir por una bechamel ligera elaborada con leche desnatada a la que se puede añadir un poco de queso azul para aumentar el sabor. La omnipresente mayonesa se puede aligerar mezclando una parte de mayonesa con otra de yogur desnatado. Y si a la ensalada vegetal le añadimos pasta, aguacate, queso, aceitunas, bacon frito, maíz, uvas pasas, jamón u otros ingredientes energéticos, tengámoslo en cuenta: o convertimos la ensalada en plato único y pasamos directamente al postre, o la aligeramos drásticamente. No todas las ensaladas son iguales, hay que evaluar el aporte grasa y de calorías de estas ensaladasilustradas de nuevo cuño.

Pan, bebida y postre: no bajar la guardia

La mejor bebida para una dieta hipocalórica es el agua. No obstante, se pueden utilizar zumos de frutas u hortalizas rebajados con hielo si son comerciales o, en el caso de tomar vino, hacerlo con un poco de gaseosa sin azúcar. En caso de que se beba cerveza o vino, disfrutemos de cada sorbo y reduzcamos todo lo posible la cantidad ingerida. No es tan difícil, se trata de beber conscientemente, paladeando cada trago y no de modo inconsciente, como si no nos fuera nada en ello. Los refrescos hay que evitarlos en la comida pero, en su caso, siempre mejor en su versión light, sin azúcar.

El pan es otro alimento a vigilar. Aunque es necesario en nuestra dieta, con emplearlo como complemento de los platos es suficiente: hay gente que come demasiado pan. Si sustituimos el pan blanco por el integral no reduciremos el aporte calórico pero sí consumimos más fibra, lo que puede ayudar (además de a combatir el estreñimiento) a que nos sintamos más saciados y, así, comamos menos. Las frutas son la mejor elección para el postre: frescas, asadas, en sorbetes, con yogur desnatado, en compota. Además, usar las frutas para añadir dulzor a los postres es una forma muy saludable de eliminar de la dieta algunas de las tentaciones gastronómicas más calóricas, como mousses, helados y tartas.

10 CLAVES PARA ALIGERAR LOS PLATOS
  • Aliños en ensaladas. Para reducir la cantidad de aceite con que se elaboran ensaladas y verduras asadas, se puede usar un aliño más ligero y con un sabor original. Pesemos en una salsa elaborada con yogur desnatado batido con menta picada y sal, o en la sustitución de los tacos de queso por requesón.
  • Más volumen y menos energía en los platos. La carga calórica de los platos de arroz, pasta y legumbres se reduce mucho si se mezclan con verduras y hortalizas o frutas, en lugar de alimentos grasos como tocino, morcilla, panceta, carne picada o chorizo.
  • Purés sin mantequilla. En lugar de leche y mantequilla para los purés, se puede utilizar caldo de verduras o pollo. Los purés, cremas y sopas elaborados con leche aportan entre un 25% y 50% más de calorías que los cocinados con caldos.
  • Mejor alimentos magros. Conejo y pollo aportan tres veces menos grasa y la mitad de calorías que las costillas de cerdo o la paletilla de cordero. Retiremos, antes de cocinarlas, las partes más grasas de la carne de vacuno y porcino.
  • Macerar carnes y pescados. Las hierbas aromáticas (tomillo, romero, albahaca, orégano o eneldo) y las especias son muy útiles para potenciar el sabor de los alimentos sin necesidad de freírlos.
  • Cocinar en microondas y en papillote. Son técnicas saludables (apenas necesitan aceite ni grasas: aportan menos calorías) y muy adecuadas para cocinar pescados, ciertas carnes, hortalizas carnosas, patata y otros tubérculos como yuca y boniato.
    Salsas sin nata. Se puede sustituir la nata de las salsas por una bechamel ligera elaborada con leche desnatada, a la que se puede añadir una pizca de queso azul para aumentar el sabor.
  • Condimentos dulces. Canela, vainilla, clavo y cardamomo son especias que con su marcado sabor compensan la ausencia de azúcar. Se pueden usar para hacer arroz con leche, natillas o flanes, cafés, té e infusiones.
  • Patatas fritas con menos grasa. Se pueden conseguir patatas de aspecto y textura crujiente similares a las patatas fritas pero más ligeras. Se parten en láminas finas, se extienden en la bandeja de horno y se pulveriza encima un poco aceite. Se hornean al grill hasta que queden doradas y crujientes. Con estas patatas también se puede cocinar una tortilla de patata si se saltean con un poco de aceite en la sartén antes de mezclarlas con el huevo.
    Patés vegetales. Se consiguen al mezclar queso cremoso ligero o tofu y la pasta obtenida de triturar vegetales cocidos o asados con ajo. Si a la mezcla se añade clara de huevo, sirve como emulsionante y le da el aspecto de una mousse.


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lunes 7 de septiembre de 2009

Es mejor que se baje de peso lentamente, a pesar de la ansiedad

Domingo 6 de Septiembre de 2009

Hay cada día más obesos porque nos movemos menos. Exceso de comidas con grasa y proliferación de servicios delivery. Cambios de hábitos.

"Lo primero que pregunta el paciente obeso es cuánto puedo bajar de peso. Yo, sin embargo, le fijo una meta chiquita. Por ejemplo, un 10 % al principio. Pero el objetivo final es mucho mayor. Hay estudios en el mundo, sobre 1.000 obesos, que señalan que si la persona reduce 10 kilos de su peso en un año es un éxito. Pero el paciente quiere bajar 30, 40, 50 kilos y así los fracasos llegan a ser muchos". El dueño de este análisis es el médico especialista en obesidad, Francisco Gelatti.

Según el especialista, hay cada día más obesos porque nos movemos menos y porque tenemos más comida con grasa y al alcance de la mano debido a la proliferación de los delivery. Y además hay un cambio en los hábitos de alimentación y de conducta. "Antes el hombre salía a cazar, luego fue recolector y hoy es el hombre del teléfono que no se mueve de la computadora ni del televisor".

Gelatti indicó que un buen programa se sostiene en cinco patas: plan alimentario, actividad física, tratamiento farmacológico, psicológico y quirúrgico. "Las dos primeras no se negocian, tienen que estar siempre presentes. Y seguro que tiene que haber una tercera. Cuanto más patitas se usen, mejor serán los resultados. Eso sí, al paciente no hay que apresurarlo porque es un enfermo y se le debe dar un tiempo de adaptación", dijo. Agregó que no es bueno un tratamiento de shock, ya que cuando se baja de golpe el cuerpo no se aclimata al nuevo peso. "Mejor lento pero seguro", recalcó. En cuanto a los niños, el médico dice que son los casos más difíciles, ya que el chico tiene muchas sensaciones a su alrededor. "Los debemos educar primero a los papás. Con un niño obeso, todos tienen que ajustarse a un plan alimentario. Y debe haber en la cocina sólo lo que él quiera: queso, yogur y gelatina y no chizitos ni papas fritas. Además hay que educar a la mamá que es la que cocina", indicó. Finalmente, Gelatti informó que el 8, 9 y 10 de octubre se realizará en Tucumán el primer congreso federal, con la asistencia de médicos de Cuba, Chile y Paraguay.

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